Fahrenheit diseñó una escala empleando con referencia una mezcla de agua y sal de cloruro de amonio a partes iguales, cuya temperatura de congelación es más baja que la del agua y la de ebullición. El valor de congelación de esa mezcla lo llamó 0 °F, a la temperatura de su cuerpo 96 °F y a la temperatura de congelación del agua sin sales la llamó 32 °F. Los valores de congelación y ebullición del agua convencional (el 0 y el 100 de la escala celsius) quedaron fijados en 32 ° F y 212 °F, respectivamente. En consecuencia, al abarcar un intervalo más amplio, la escala Fahrenheit permite mayor precisión que a centígrada (si no se usan decimales) a la hora de delimitar una temperatura determinada. En concreto, 180 grados Fahrenheit (212-32) corresponden a 100 grados Celsius; es decir, esas escalas están en una relación de 9 a 5, y al 0 °C le corresponden 32 °F.
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